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¿Y si todo fuera un teatro?

No es exagerado afirmar que la Declaración de Fe católica de don Davide Pagliarani del pasado 14 de mayo, festividad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, ha sido probablemente lo más firme que la Hermandad haya pronunciado contra la Roma modernista en los últimos 20 años. Esta declaración ha supuesto un revulsivo, una esperanza y una ilusión para muchos católicos tradicionalistas que, en modo alguno, desean ver que el remanente fiel termine siendo engullido por una claudicación que tomaría el nombre de regularización.

El anuncio de nuevas consagraciones episcopales que tuvo lugar el pasado 2 de febrero resultó una sorpresa para muchos católicos que veían cómo iban pasando los meses y los años sin ningún anuncio y cómo, tras la muerte del Obispo Tissier de Mallerais, la HSSPX se quedaba con tan sólo dos obispos. No pocos llegaron a considerar que los obispos Galarreta y Fellay no tendrían el coraje suficiente para enfrentarse a unas consagraciones sin mandato pontificio. Ahora, tras el anuncio de las consagraciones episcopales del 1 de julio y el transcurso de los meses, pese a la insistencia de una vergonzosa petición de permiso nunca respondida por el Vaticano por parte del superior general, el camino hacia una posible «excomunión» parece claro.

Sin embargo, analizando fríamente hechos que provocan tanta agitación, vemos que hay un detalle que no encaja. Y es que, si efectivamente hay «excomuniones», éstas darían al traste con casi 30 años de constante debilitamiento y destrucción de la HSSPX por parte de la secta vaticanosegundista, cuyo objetivo es buscar su reinserción en la Roma apóstata.

La cronología de los hechos es clara: en 1997, seis años después de la muerte del Arzobispo Lefebvre, se inicia el llamado GREC (Grupo de Reflexión entre Católicos), idea del diplomático Gilbert Pérol que, una vez fallecido, continuó su esposa Huguette Pérol. En el GREC estaba presente la Conferencia Episcopal francesa bajo las órdenes del «obispo» Philippe Breton y con siniestros personajes como el presbítero Michel Lelong, partidario del diálogo interreligioso con los mahometanos, el sacerdote ahora rallié Claude Barthe (entonces de la HSSPX), y el perennialista gnóstico Grégoire Célier, también sacerdote de la Hermandad. El GREC operaba «discretamente» y, al ser destapado tras ser conocida su existencia por miembros de la Hermandad, se disolvió. Sin embargo, el GREC logró frutos acuerdistas y fue el primer intento serio de diálogo con la secta vaticanosegundista. No en vano, pocos años después, la HSSPX peregrinó a Roma participando del Jubileo del año 2000, punto en el que muchos coinciden en señalar como el primer gran acto público de acercamiento de la Hermandad con las autoridades modernistas.

Todo esto es muy poco conocido y conviene sacarlo a la luz. «Non est enim occultum, quod non manifestetur: nec absconditum, quod non cognoscatur, et in palam veniat» (Lc VIII, 17).

Después tuvieron lugar los acercamientos ya más conocidos: Summorum Pontificum (2007), la retirada de las excomuniones a los cuatro obispos en 2009, los encuentros con Ratzinger y la situación álgida del año 2012, donde la Hermandad estuvo a punto de firmar un acuerdo al que los obispos Williamson, Tissier y Galarreta se opusieron. Año, sin embargo, que terminó con la desgraciada expulsión del Obispo Williamson, cabeza de turco y sacrificio necesario —probablemente exigido por la sinagoga— para aparcar los diálogos y proseguir con ellos posteriormente.

En el año 2013 renunció Ratzinger y accedió a la Sede petrina Jorge Mario Bergoglio. No nos detendremos aquí, pues basta señalar que durante el pontificado del argentino siguieron las concesiones a la Hermandad: ésta obtuvo del Vaticano autorizaciones para oír confesiones y actuar como testigos válidos en los matrimonios. Estos privilegios, inicialmente concedidos bajo la excusa del Jubileo de la Misericordia de 2015, se prorrogaban una vez concluido el Año Jubilar.

Con la muerte del Obispo Tissier, la urgencia de consagrar obispos nuevos aumentó y, a pesar de todos estos acercamientos de los que hemos hecho un somero resumen —pues ciertamente hemos dejado en el tintero otros hechos muy relevantes (caso Vitus Huonder, castigos a sacerdotes antiliberales en la HSSPX, etc.)—, parece, sin embargo, posible una «excomunión». Ahora bien... ¿y si ésta no se produce? ¿Los modernistas tirarán por la borda casi 30 años de acercamiento y neutralización de la Hermandad?

De momento, solamente hemos tenido constancia de las amenazas del Cardenal Fernández (Tucho), pero ninguna declaración de Robert Prevost. También vemos una insistencia en buscar una indulgencia por parte del «Obispo» Athanasius Schneider. Los fieles tradicionalistas debemos prestar mucha atención al papel que puede jugar el prelado kazajo. Por su parte, el Obispo Bernard Fellay dijo en un sermón en Estados Unidos que espera «un milagro» para evitar las «excomuniones» y, por otro lado, el inquietante presbítero Jean-Michel Gleize comentó recientemente la posibilidad de que se dé una «excomunión latae sententiae», es decir, una «excomunión» sin declaración formal.

Dios puede tener Misericordia de Su Iglesia. Quizás, precisamente por ello, pueda darse efectivamente una «excomunión» que separe el trigo de la cizaña y haga que la Hermandad recupere la firmeza y el vigor que nunca debió perder. Sin embargo, sabemos que esta tarea de depuración llevará tiempo. Por otro lado, vemos la fruta madura del árbol, pues todo el universo mundo conoce ya el Evangelio y la Iglesia está sufriendo su Pasión con la gran apostasía que vivió y vive con ocasión del Vaticano II. Ya conocemos las advertencias de Nuestro Señor: «Dico vobis quia cito faciet vindictam illorum. Verumtamen Filius hominis veniens, putasne, inveniet fidem in terra?» (Lc XVIII, 8)«Et nisi breviati fuissent dies illi, non fieret salva omnis caro: sed propter electos breviabuntur dies illi» (Mt XXIV, 22).

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